Era una noche oscura, sin luna ni estrellas
solo estaba la soledad y sumergido en ella estaba Pedro buscando una víctima
para saciar su vicio, la paciencia se le agotaba hasta que llego él, aquel
hombre octogenario que lucía como el típico anciano jubilado que se casa con
una rubia interesada de cuerpo exuberante , era perfecto. A pesar de la
oscuridad Pedro decidió no atacar, ¿Quién lleva efectivo hoy en día? Se
preguntó, prefirió seguir al anciano hasta que este llegara a su hogar y una
vez allí le robaría y lo mataría, hacía mucho que no probaba el sabor de la
sangre ni el sentirse un Dios por un momento, porque decidía sobre la vida de
alguien más.
Para la suerte de Pedro el anciano no vivía muy
lejos por lo tanto lo seguiría a pie. Llegaron a un edificio céntrico y muy
lujoso, Pedro burló fácilmente la seguridad, el anciano no se percató de nada
hasta que llegó al pasillo que conectaba la puerta de su departamento con el
resto del edificio, sólo fue necesario un golpe para destruir el cráneo del
anciano como si fuera el cascaron de un huevo Pedro arrastró el cadáver al
interior del departamento y con su chaqueta limpió la sangre que se había
esparcido por el piso de caoba del salón.
Cerrando la puerta se impresionó al ver tanto lujo en un solo lugar, los
muebles de madera, los cuadros de grandes pintores, la alfombra de piel
auténtica de oso, el televisor de plasma de cubría por completo una pared, esos
enormes sillones de cuero italiano le recordaron que su única cama por años fue
el frío suelo de un parque abandonado y su cobija un montón de periódicos pero
ya era muy tarde para arrepentirse y con el pensamiento de sus años de
felicidad Pedro comenzó a poner la casa patas arriba en busca de algo de valor,
y fácil de llevar, que pudiera vender para comprar un poco de “magia”; en el
salón encontró un precioso rolex sobre la mesita de café y puedo percatarse
rápidamente del olor a una mezcla de incienso y perfume barato de mujer, siguió
con su búsqueda en el comedor donde encontró la gran colección de wiskis,
rones, vinos y otros tantos tipos de bebidas alcohólicas que no alcanzó a
reconocer, ni por el sabor, del anciano; al entrar a la cocina aprovechó en
limpiar su martillo ensangrentado en el lavabo y tomar algo del refrigerador
que estaba lleno de carne cruda pero no parecía tener un aspecto animal, ¿Dónde
carajos me metí? Se preguntó perturbado Pedro pensó por un instante en salir de
ese macabro y lujoso lugar pero la necesidad de una dosis no se lo permitió,
siguió su búsqueda hasta la última habitación que quedaba por recorrer, omitió
el baño porque le traía recuerdos de su feliz y lejana infancia, entró con
cierto temor sin embargo la suite lucía normal, salvo por algunos látigos,
esposas y bragas esparcidos por el suelo alfombrado, buscó debajo de la gran
cama pero solo habían herramientas de trabajo(martillos, clavos, un taladro) y
una videocámara que guardó en su pantalón pensando que más tarde podría ver los
videos con sus amigos, de repente escuchó algunos quejidos que provenían del
armario, fue a abrirlo y grande fue su susto cuando encontró a un chico en un
rincón se notaba que había sufrido maltrato pues todavía estaba, sin contar los
muchos signos de violencia entre moretones, cicatrices frescas y que no llevaba
nada de ropa, amordazado y amarrado, las
cuerdas estaban tan ajustadas que de no ser por Pedro el joven desconocido
habría muerto por múltiples coágulos en su sistema circulatorio, Pedro ayudó al
joven y lo sentó sobre la gran cama, en ese momento Pedro se dio cuenta de la
belleza angelical de aquel chico de manos frías se enamoró de él al instante,
el joven tenía la mirada perdida Pedro le hizo un millón de preguntas acerca de
su estado y en cómo había llegado alguien tan hermoso a parar un lugar así pero
el joven solo sonrió maliciosamente y aún con la mirada perdida se limitó a
decir: “debiste irte cuando tenías la oportunidad”. En ese momento las luces se
apagaron y cuando volvieron a encenderse frente a Pedro apareció un séquito de
espectros negros lamentándose y mirándole, como si esperaran órdenes, apareció
el anciano, no tenía ni rastro del golpe pero si un aspecto demoniaco, arrastró
a Pedro a una puerta que había aparecido en el suelo.
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