lunes, 19 de octubre de 2015

E departamento, de Alessandra Acosta

Era una noche oscura, sin luna ni estrellas solo estaba la soledad y sumergido en ella estaba Pedro buscando una víctima para saciar su vicio, la paciencia se le agotaba hasta que llego él, aquel hombre octogenario que lucía como el típico anciano jubilado que se casa con una rubia interesada de cuerpo exuberante , era perfecto. A pesar de la oscuridad Pedro decidió no atacar, ¿Quién lleva efectivo hoy en día? Se preguntó, prefirió seguir al anciano hasta que este llegara a su hogar y una vez allí le robaría y lo mataría, hacía mucho que no probaba el sabor de la sangre ni el sentirse un Dios por un momento, porque decidía sobre la vida de alguien más.


Para la suerte de Pedro el anciano no vivía muy lejos por lo tanto lo seguiría a pie. Llegaron a un edificio céntrico y muy lujoso, Pedro burló fácilmente la seguridad, el anciano no se percató de nada hasta que llegó al pasillo que conectaba la puerta de su departamento con el resto del edificio, sólo fue necesario un golpe para destruir el cráneo del anciano como si fuera el cascaron de un huevo Pedro arrastró el cadáver al interior del departamento y con su chaqueta limpió la sangre que se había esparcido por el piso de caoba del salón.  Cerrando la puerta se impresionó al ver tanto lujo en un solo lugar, los muebles de madera, los cuadros de grandes pintores, la alfombra de piel auténtica de oso, el televisor de plasma de cubría por completo una pared, esos enormes sillones de cuero italiano le recordaron que su única cama por años fue el frío suelo de un parque abandonado y su cobija un montón de periódicos pero ya era muy tarde para arrepentirse y con el pensamiento de sus años de felicidad Pedro comenzó a poner la casa patas arriba en busca de algo de valor, y fácil de llevar, que pudiera vender para comprar un poco de “magia”; en el salón encontró un precioso rolex sobre la mesita de café y puedo percatarse rápidamente del olor a una mezcla de incienso y perfume barato de mujer, siguió con su búsqueda en el comedor donde encontró la gran colección de wiskis, rones, vinos y otros tantos tipos de bebidas alcohólicas que no alcanzó a reconocer, ni por el sabor, del anciano; al entrar a la cocina aprovechó en limpiar su martillo ensangrentado en el lavabo y tomar algo del refrigerador que estaba lleno de carne cruda pero no parecía tener un aspecto animal, ¿Dónde carajos me metí? Se preguntó perturbado Pedro pensó por un instante en salir de ese macabro y lujoso lugar pero la necesidad de una dosis no se lo permitió, siguió su búsqueda hasta la última habitación que quedaba por recorrer, omitió el baño porque le traía recuerdos de su feliz y lejana infancia, entró con cierto temor sin embargo la suite lucía normal, salvo por algunos látigos, esposas y bragas esparcidos por el suelo alfombrado, buscó debajo de la gran cama pero solo habían herramientas de trabajo(martillos, clavos, un taladro) y una videocámara que guardó en su pantalón pensando que más tarde podría ver los videos con sus amigos, de repente escuchó algunos quejidos que provenían del armario, fue a abrirlo y grande fue su susto cuando encontró a un chico en un rincón se notaba que había sufrido maltrato pues todavía estaba, sin contar los muchos signos de violencia entre moretones, cicatrices frescas y que no llevaba nada de ropa,  amordazado y amarrado, las cuerdas estaban tan ajustadas que de no ser por Pedro el joven desconocido habría muerto por múltiples coágulos en su sistema circulatorio, Pedro ayudó al joven y lo sentó sobre la gran cama, en ese momento Pedro se dio cuenta de la belleza angelical de aquel chico de manos frías se enamoró de él al instante, el joven tenía la mirada perdida Pedro le hizo un millón de preguntas acerca de su estado y en cómo había llegado alguien tan hermoso a parar un lugar así pero el joven solo sonrió maliciosamente y aún con la mirada perdida se limitó a decir: “debiste irte cuando tenías la oportunidad”. En ese momento las luces se apagaron y cuando volvieron a encenderse frente a Pedro apareció un séquito de espectros negros lamentándose y mirándole, como si esperaran órdenes, apareció el anciano, no tenía ni rastro del golpe pero si un aspecto demoniaco, arrastró a Pedro a una puerta que había aparecido en el suelo.

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