miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿Podemos hacerlo?, de Jessica Rodríguez Guarayo

Estaba sentada en mi cama, mientras observaba como amanecía viendo a través de la ventana. Aun con mi pijama y mi cabello revuelto, en la pared estaba una hoja que me avisa cual era mi nombre “Fernanda”. Me paro de golpe recordando que hoy debo terminar todo.
-Tengo que matarlo- me susurro, tratando de convencerme.
Corro hacia mi ropero, escojo entre el montón de ropa y me pongo lo que más me gusta para terminar esto de la mejor forma; agarro unos jeans de cuero negro una blusa de color lila, una chaqueta negra y unos tenis rojos.
Salgo de mi casa o al menos fue mía por un mes, sin pensármelo más subo a mi motocicleta y me dirijo hacia el café donde me encontraría con Matías, Matías es aquel chico al que debía matar pero me involucre con él, ahora estoy con él, no sé cómo paso, cuando mi objetivo era matarlo.
-¿Por qué no lo hice?- me susurro para ver si así podía darme una respuesta yo misma.
Cuando elevo mi mirada hacia el camino veo a Brando, el hombre para el cual hacia este trabajo, ya me encontraba a una esquina del café pero algo me decía que el no estaba aquí por pura casualidad. Se encontraba en la entrada de un callejón al ver que freno se adentra al callejo como esperando a que lo siguiese, apago la motocicleta, observo alrededor y me adentro al callejón.
-No lo mataste - dijo con una voz impaciente - ¿Por qué? – pregunta irritado – pagaras las consecuencia sino lo haces, tu sabes lo que esta en juego.
Apareció atrás mío y con una daga en mi cuello, me inmovilizo, me quedé helada, sabía de los que era capaz, lo había visto degollando a niños delante de sus madres y luego a las madres.
-Lo haré hoy- dije desesperada –lo prometo, lo hare hoy – digo con voz de gato golpeado.
-Te estaré vigilando Sasha – dijo con una voz maliciosa – digo Fernanda – presiono la daga contra mi cuello luego desapareció como si nunca hubiera estado.
Salí desesperada de aquel callejón, tropezando cada dos pasos, me apoyo a una de las paredes y recupero la tranquilidad. Mi motocicleta estaba destrozada, lo había hecho como una ultima advertencia, debía hacerlo de una vez.
-Diablos- gritó, llevando mis manos a mi cabeza.
Retomo mi camino hacia el café ahora mas distraída que antes, pero no me venían pensamientos, estaba perdida, estaba en estado neutro. Entro a la café era un ambiente casi familiar, era oscuro y llena de personas en el anonimato, lo único diferente era que la gente estaba con libros y no con cuchillos y armas.
Matías se da cuenta que acabo de llegar, se para, estaba con una pantalón negro aprento, una camiseta y un saco informal, su cabello una café claro y sus ojos azules.
-¿Qué podía hacer alguien como él? ¿Para que lo quieran matar?- me susurro.
Deja su libro sobre la mesa, como le gustaba leer, a mi no me atraía la lectura.
-Hola- dice mientras me da un beso.
-Hola, ¿vamos a sentarnos?- le pregunto.
-Claro- dice mientras, nos sentamos- eres más hermosa cada día- dice de la nada.
-Gracias- le respondo- quieres ir a la playa- le pregunto.
-Contigo puedo ir hasta el infierno.
-¿Vamos ahora?- digo impaciente.
-Quiero ver una película antes- dice, mientras saca de su bolsillo dos entradas.
-Esta bien.
No importa después de todo hoy acabara todo, ya no habrá contra tiempos, ya no dejaré que sabotees mis planes, o al menos eso pienso que tratas de hacer. Una vez en el cine, a media película tomo mi mano con una de las suyas y con la otra giro mi barbilla, dándome otro beso.
-Te amo- dijo esperando una respuesta; pero guardo silencio- en serio, te amo- replica, mientras nos damos un beso largo.
Al finalizar la película, le tomo de la mano y nos subimos a un auto, donde el conductor era Brandon.
-A la playa- dice Matías. En el camino hacia la playa Matias no dejaba de hablar, pero yo no podía dejar de mirar a Brandon.
Al bajar, Brandon no cobra nada diciendo – hoy es tu ultimo día muchacho, va a mi cuenta- me lleno de rabia al escuchar eso, pues eso era un recordatorio para mi.
-que buena persona es ese conductor- dice Matias- aunque no entendí lo ultimo que dijo.
-Dejarías a todos, para escapar conmigo- le suelto de la nada.
Me mira con incredulidad– hasta el fin del mundo- dice mientras eleva sus manos hacia arriba.
-Hablo en serio.
-¿De quien quieres escapar?- dice, su rostro cambia, parece una persona fría y desconfiada.
-De nadie-digo mientras me hago el pelo hacia atrás – solo jugaba.
-Ya me harte de este juego-dice Matías, no ese no era Matías, su voz era mas fría y cruel.
-Disculpa-digo, mientras saco la daga que tenía, pegado a mi cuerpo.
-Veo que ya te decidiste- dice mientras se acerca a mí con una mirada trastornada- pensabas matarme.
-Sí, pero tú ya lo sabías, desde un principio- digo y le muestro mi daga, tomando posición de defensa.
-Pensé que bajarías la guardia, pero nunca lo hiciste-  se para a tres metros de mí.
-Por qué lo haría, si mi misión era matarte- le pregunto.
-Porque estas enamorada de mí- dice mientras me agarra la mano donde tenía la daga.
-Claro que no- muevo la daga y el la suelta.
-Entonces por qué no me mataste antes, Sasha cazadora de almas-dice con tono burlesco. Me quedo muda
-Que decepción, pensé que eras mejor que esto Sasha, no espero Fernanda-dice riéndose. Me toma de la mano otra vez; con un movimiento rápido le corto las manos y luego le apuñalo en el estómago, cae al suelo, me siento sobre él, saco otra daga y lo apuñalo.
-Ahhhh- grita- no me hagas esto Fer, yo te amo- dice con una voz dulce.
-Pensaste que estaba enamorada de ti- le pregunto – jajajja ni lo sueñes, solo necesitaba tiempo.
-¿Para qué?, estas mintiendo, en realidad te enamoraste- dice con algo de risa.
Lo apuñalo con otra daga más-bueno te lo diré-digo mientras me pongo de pie – de todos modos no podrás sobrevivir.
-Debía matarte poco a poco para que al final, si fallaba o moría por alguna circunstancia, morirías de todos modos- continúo –la vez que fuimos a la heladería y te pinche el hombro por accidente, era un virus que introduje a tu organismo, ese virus debía comerte en una semana, pero lo rechazaste, con antibióticos, y así muchos de mis oportunidades fallaron pero no todas, un ejemplo, tu café, tenía veneno y lo tomaste todo. Si logras sobrevivir a estas dagas, el veneno te matará de todos modos.
-¿Eso es todo?, por eso te quedaste un mes conmigo-dice.

-No, tenía que averiguar sobre ti, Diego Mendoza, así es, lo es todo, se cómo fuiste vendido aún pedófilo a los 9 años, sé que lo mataste a los 12, que heredaste toda su fortuna, se lo que hacías con las personas que te servían, se lo que haces ahora, sé que traicionaste a Brando y por eso te quiere muerto, pero eso no es todo. Asesinaste a tu verdadera madre, porque si alguien se enteraba que era tu mamá perderías tu fortuna herencia y a tu padre lo acusaste de abuso sexual. Me das asco, no sabes cuantas veces me aguante de querer vomitar cuando me besabas, pero eso ya no me preocupa. Esto es todo, buena suerte Diego.- digo mientras le termino de echar la gasolina encima- fue un gusto conocerte- le prendo fuego.

3 comentarios:

  1. Un giro bastante interesante, esa clase de finales suele sorprender mucho. Te falta mejorar en ortografía y gramática, pero tienes un estilo bueno. Sigue escribiendo, cada vez lo harás mejor, cada vez lo sentirás mejor. Me gusta que te hayas animado a escribir una historia sobre asesinato, también requiere coraje hacerlo, felicidades!

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Profe desde ayer en la noche no envia mi cuento que podria hacer?

      Borrar