martes, 22 de septiembre de 2015

(Sin título) de Nicole Valeria Figueroa Bozu

Otro día más de ese agotador trabajo, recoger el alma de quienes ya había caducado su tiempo en la Tierra. Temido por muchos y esperado con ansias por otros, la muerte llegaba cuando debía llegar.
"Dame un tiempo más" le pedían algunos, pues la muerte solo se mostraba a quienes debía llevarse. "Te estaba esperando", decían otros. Pero a la muerte no le interesa nada de lo que los simples mortales pudieran decirle, pues nada de eso cambiaría el curso de las cosas.

Aburrido y exhausto de ese abrumador trabajo, la muerte lo seguía haciendo tal vez solo por inercia o por ver los ojos de las personas antes de morir, llenos de pena, miedo, angustia, dolor y en algunos casos, paz. Paz y tranquilidad al saber que dejarán un mundo de sufrimiento. Pero, a pesar de todo eso la muerte se encontraba cansado, aburrido e incluso irritado por su trabajo y no era algo a lo que simplemente se renunciaba, pues era un castigo por algo que ni él mismo lograba recordar.

Un día como cualquier otro, a punto de recolectar un alma más, la muerte vislumbró a lo lejos una flor de un exótico color azul. Un azul tormentoso. Entonces los ojos de esa joven que se llevó hace tiempo atrás. Esa joven de ojos color azul que le hacía recordar el por qué de seguir con ese trabajo; seguir viendo ese color. 

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