Ser libre. Volver a ser feliz. Ver a la persona más importante en su vida. Esto era lo que deseaba Mery, una mujer de treinta y cinco años, encerrada injustamente en un manicomio. Su ex esposo, un hombre de gran influencia en la ciudad, al enterarse de que Mery comenzó una relación con otra persona y pensaba ir a vivir lejos con su hijo Dani, sobornó a la directora del manicomio para que encerraran a Mery alegando que tenía problemas mentales e inventaba, veía y escuchaba cosas que no existían. Por ende, encerraron a Mery en ese lugar lleno de tristeza, desgracias y oscuridad, encerrada sin que nadie la escuchase.
Respecto a la pareja de Mery, no se volvió a saber más. Simplemente desapareció. Pero Mery sabía que eso no era cierto, ella sabía que Julián –su ex esposo- habría mandado a alguna de las personas corruptas y sin sangre en el rostro que trabajaban para él, a matarlo.
Dani pasó a vivir con su padre, un padre que no le demostraba cariño alguno y solo le importaba su trabajo y esos negocios que mantenía en secreto.
Cuando ingresaron a Mery al manicomio, las primeras semanas gritaba hasta el cansancio, o hasta que le inyectaran un medicamento que le hacía dormir.
-Yo no estoy loca- gritaba Mery - ¡todo es una mentira!-. Pero todos los médicos y enfermeras la ignoraban, acostumbrados a observar ese tipo de comportamiento en los pacientes.
Mantuvieron los primeros tres meses encerrada a Mery en un cuarto diminuto con un catre a lado de la pared y un retrete sucio ubicado al frente del catre. Posteriormente, la trasladaron a una habitación como la de cualquier otro residente y la dejaban salir a dar paseos a los jardines, pero era vigilada constantemente. Le hacían ingerir muchos medicamentos que la mantenían en calma y eso exasperaba demasiado a Mery, ya que no era capaz de pensar y actuar con claridad y, si se negaba a ingerir los medicamentos, la sujetaban a la fuerza y le inyectaban unos más fuertes.
Lo único que mantenía viva a Mery era la añoranza de volver a ver a su hijo, tenerlo en sus brazos y decirle cuánto lo amaba, pero los días se hicieron meses y, posteriormente, años. Durante su estadía, Mery conoció a una gran variedad de personas que sufrían distintas enfermedades o problemas mentales, así que no pudo si quiera entablar amistad alguna. Excepto por una mujer que sufría trastornos de bipolaridad, esta mujer, cuando estaba en buen estado, planificaba un escape de ese horrible lugar y, al notar que Mery no pertenecía a ese lugar, decidió compartir sus planes. Ambas se encontraban en el cuarto de alguna de las dos sin que nadie las observara, pues eso sería un gran riesgo para ambas.
El plan de escape de dicha mujer, de quien Mery no supo conocer su verdadero nombre porque siempre daba uno diferente, estaba muy bien estructurado, pero aún faltaba hacer unos cambios y arreglos. Cuando ambas estaban a punto de terminar su gran plan de escape pasó algo terrible: la mujer tuvo un repentino ataque de bipolaridad y comenzó a botar lo que estaba a su alcance por doquier, las enfermeras en un intento de calmarla le inyectaron más calmantes de los que su cuerpo podía soportar y la mujer murió, sumida en un profundo sueño.
Cuando Mery fue a ver el cuerpo inerte de esa mujer que era lo más cercano que tenía a una amiga desde que la encerraron en el manicomio, se sorprendió al ver su apacible rostro, se veía como si estuviera durmiendo y, en ese momento, cayó en la cuenta de que era una mujer hermosa: cabello castaño, tez blanca y unos labios en forma de corazón. No pudo entender cómo, durante todo ese tiempo, ningún familiar o amigo visitó a esa mujer.
<< ¿Tendrá si quiera alguien que se preocupe por ella? >> Se preguntó Mery e incluso recordó que a ella tampoco nadie, ni siquiera su hijo, había ido a verla. Entonces, a los pies del cuerpo de esa mujer, juró que escaparía de ese lugar que era lo más parecido al infierno. Juró que lo haría por ella, su hijo y esa mujer que fue su amiga.
Mery se mantuvo durante una semana encerrada en su habitación, planeando y cambiando mentalmente muchos aspectos del escape, pues ya no eran dos sino solo una y eso cambiaba muchas cosas. Al cabo de esa semana Mery decidió hacer su escape un jueves, puesto que ese día en la noche y madrugada, un guardia regordete vigilaba la parte trasera del manicomio, lo cual le daba una gran ventaja.
El día del escape, faltando unas horas para que sea de madrugada y ser libre. Recordó todas las cosas que le sucedieron durante los últimos 5 años, el tiempo que ya llevaba en el manicomio y agradeció eternamente a Dios por haber puesto a esa mujer en su camino, ya que si no era así Mery estaba segura de que no habría podido idear un plan tan bueno para huir e incluso pensaba que era un ángel mandado por Dios para ayudarla.
Cuando Mery logró escapar del manicomio, sintió una gran paz y alegría que la llenaban por completo, pero también se sentía libre. Mery se sentía libre para hacer lo que sea que el mundo tenga preparado para ella, pero primero ella se encargaría de vengarse de Julián por la cantidad de cosas que arruinó en su vida. Y, después de eso, agarraría a su adorado hijo Dani y se irían a vivir lo más lejos posibles. Sin que nadie los vigile o les diga que hacer. Serian completamente libre para realizar sus sueños y así Mery podría conocer lo que es la felicidad plena.
Interesante historia, qué horrible experiencia para Mery. Me gusta tu forma de narrar, es sencilla y directa, lo que facilita mucho la lectura. Ahora te invito a releer tu cuento y mejorar lo que creas conveniente. Esto involucra quitar o aumentar oraciones o párrafos. Ya con más tiempo, profundiza tu historia, es buena. Felicidades!!
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